En vuelo de guitarra
En vuelo de guitarra.
Estoy sentado en el mismo lugar que hace 25 años ocupaba Juan Paz, mi
abuelo materno. Las mismas baldosas, ahora desgastadas. El metro cuadrado
de sol del mediodía, que con los cambios horarios ahora llega a las 11.
La pava, el mate. Más allá, a la sombra del nogal, Lepera, intenta morderse la
cola, no es un fantasma, el abuelo reiteró el nombre camada tras camada.
Recuerdo mi niñez, fija la mirada en el ir y venir de las laboriosas hormigas.
En silencio, ese era el trato. Cuando el cuadrado tibio se ensombrecía, el
abuelo elevaba su largo y sarmentoso cuerpo y desaparecía en la boca oscura
de la casa . Era el tiempo de jugar, yo me balanceaba en la gorda goma de un
tractor que se oxidaba en un descanso incomprenhensible. En esos años no
me preguntaba el porque de la pobreza que asolaba la chacra. En la mesa
humeaba la comida y escaseaban las palabras.
Un mediodía, a la clásica compañía, pava y mate se agregó una guitarra,
Lepera y yo no pudimos evitarlo, nos acercamos despacio, casi arrastrándonos.
Los dedos encallecidos, arrancaban sonidos como penas que lentamente se
enredaban en el aire. Esa mañana me prendí a la música como abrojo y las
arrugas del abuelo se volvieron sonrisas.
La escuela me parecía una penitencia hasta que aparecieron las letras y
estas me llevaron a formar palabras y las palabras canciones.
Los años niños pasaron, cuando decidí marcharme a la Ciudad la abuela
trató de convencerme.
-No caigas en la trampa, tu mamá lo hizo-
En casa no se hablaba de mi madre. Ella se marchó, tras sus quimeras yo la
suplanté.
La abuela insistía.
-Juan la entusiasmo, él se quedo prisionero de la chacra y yo perdí una
hija.
-Abuela, yo voy a regresar, en cuanto me llames. Lo primero que compraré
cuando triunfe ,será un avión.
No estaba muy seguro de lograrlo. ¿Pero que se le puede decir a una mujer
que llora?
Los años pasan rápidos o lentos, según como te trate la vida. Conocí
boliches, Clubs de barrio, bailantas, teatros de pueblos perdidos. Mi nombre
apareció en programas junto a soñadores desconocidos
Perdí la noción del tiempo y el espacio, naufragué, divagué.
La guitarra de Juan Paz entró y salió del empeño. Ayer tuve que elegir entre
un pasaje de avión o la guitarra. Tenía que llegar a tiempo.
Dolores Fernández.



